Viva la Biodanza

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la vida puede ser maravillosa

milagros

–         Poner un trozo de pan en la bolsa de una persona sin hogar dormida.

–          Sonreír a una persona que está con la vista perdida en la tristeza de un día de trabajo agotador.

–          Enviar un SMS o hacer una llamada a un amigo valioso, que por X o Y, hace tiempo no contactas.

–          Mirar a los ojos a la persona que amas y decírselo, aunque te cuelgue una etiqueta de sensible, tonta, blanda…  

–          Ir comiendo X o Y por la calle, y convidar a un desconocido a probar de tu alimento.

–          Regalar una flor a alguien que pasa y te alegra la vista.

–          Susurrar bajito en el oído de otro/a un piropo amable y respetuoso.

–          Andar con los brazos abiertos, como quien pide un abrazo, como quién entrega su corazón a la vida, mientras caminas por una avenida transitada.  

–          Sentarte al lado del que pide limosna en la calle y ver en silencio, el mundo desde su perspectiva.

–          Dejar un libro “abandonado” en el banco de un parque con una dedicatoria a un lector futuro.

Hoy ha sido un día de milagros, pequeños milagros.

¡Qué te vaya bonito!

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Recuerdo cuando hice Biodanza por primera vez. Fue un 18 de enero de 2007. En una sesión de presentación, que se hizo en la Escuela de Barcelona. Fue un amor a primera vista.

Recuerdo que durante la sesión hubo momentos de apagón completo de la mente. Tenía cosquillas en la boca del estómago. Fui a la sesión con la sensación de estar sola y perdida en Barcelona, pero en apenas dos horas la angustia se fue disipando.

 Recuerdo que miraba a las personas del grupo, y me costaba sostener la mirada. Bajaba los ojos a media asta como avergonzada de algo que no podría concretar. Recuerdo que en los ejercicios donde tenía que bailar sola e ir a mi bola, todo iba bien. Cuando tenía que bailar con otro, podía seguir su ritmo y sus movimientos como si fuera un espejo, pero el contacto con la piel o las manos de la otra persona lo percibía de forma muy intensa y muy caliente.

El primer paradigma roto: entré por la puerta del centro Redes, una facilitadora guapísima y con una sonrisa espléndida me dio un beso y me tocó la cabeza –en la zona de la nuca- con dulce familiaridad, como si ya antes yo hubiese estado en sus hombros recostada.

Solo esto me puso los pelos de punta. Mi madre me había enseñado que la cabeza es sagrada y solo me la dejaba tocar por mi pareja, y familiares de primerísima línea de consanguineidad. Dicho claro: solo mis padres. En ese momento, me di cuenta que en Biodanza las cosas eran diferentes, yo quería vivir esas diferencias.

Decidí en primera sesión, formarme como facilitadora de Biodanza, lejos estaba de adivinar que lo bueno estaba por llegar.            

¿Recuerdas cómo fue tu primera sesión de Biodanza? Cuéntame…

  

  • Un día que nadie me sonría, es un día perdido.
  • Un día en que nadie me mira directamente a los ojos en busca de palabras mudas para hablar con mi alma es un día perdido.
  • Un día que no recibo u ofrezco un abrazo, es un día perdido.
  • Un día que no beso una mejilla palpitante, unos labios abiertos…en fin un día sin besos, es un día perdido.
  • Un día en que no me acarician o no acaricio a otra persona con cariño, es un día perdido.
  • Un día en que no tiendo mi mano abierta, y estrecho entre mis dedos otra mano que necesita, es un día perdido.
  • Los días sin contacto con otras personas, son días perdidos.
  • Los días que paso desterrada de mí mismo, alienada en la bobería, sin contacto con mi esencia, son días perdidos.

Yo tengo muchos días perdidos en mi calendario. Me hago responsable de ellos y busco cambios. Poco a poco, gracias a la Biodanza he dado los primeros pasos para salvar el contacto. Sueño con una sociedad donde tocar al otro, mirar al otro, ayudar al otro, acariciar al otro, amar al otro, abrazar, cuidar al otro; no sea pecado, ni rareza, ni motivo de burlas y alarma o sobresalto.   

Hoy regalo contacto. Si me ves, por favor, no dejes que la oportunidad de encontrarnos naufrague.  Si me ves: sonríeme, abrázame, mírame a los ojos, acaríciame, júntate conmigo y marchemos a un lugar tranquilo a respirar juntos.


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