Viva la Biodanza

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A veces hace falta sacarle rigor a la Vida y sus retos. Pararse un momento de puntillas sobre el NO, y decir SÍ.

Esa es la invitación que siento me hace este poema de cuyo autor no se tiene seguridad, pero que se atribuye a Jorge Luis Borges, y se intuye pertenece a Don Herold o Nadine Stair.

INSTANTES
Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.

¡Qué te vaya bonito!

Me gustaría hacer sesiones de Biodanza solo para mujeres. Sesiones donde alimentemos a las Diosas que llevamos dentro, dónde nos permitamos cuidarnos las unas a las otras como hermanas de viaje, como compañeras de ruta.

Serían sesiones para llenar de flores nuestra feminidad, nuestra alma nutricia, y plena de amor.

Serían sesiones con músicas interpretadas y compuestas por mujeres. En la sala: flores, dulces, plantas, tejidos, niños y niñas.. la vida bullendo entre nuestras piernas en movimiento.

Serían sesiones para despertar nuestro poder de mujer bruja, para darnos alas con las que volar hacia el bienestar y el autocuidado. Sesiones para hacernos mejores hijas, madres, amantes, amigas, hermanas, trabajadoras, emprendedoras.

Serían sesiones de Biodanza en femenino.

¿Qué te parece la idea? ¿Te sumarías?

A veces tengo la intuición de que he nacido para algo, para una misión, para una profesión u oficio. Sé cuál es mi llamada interior en este sentido, pero  no la he escuchado totalmente por miedo, porque me han faltado fuerzas,  y porque las circunstancias no han propiciado su desarrollo.

Mi sueño es ser bailarina, pero a mi edad, queda como eso, un sueño que pude hacer realidad pero al que renuncié –aunque me llama la atención que aún lo escribo en tiempo presente. Ahora me quiero dedicar en cuerpo y alma a la Biodanza, un sistema en que:

–           Bailo: uno de mis mayores placeres

–          Crezco como ser humano: una gran motivación

–          Ayudo a las personas: una razón para vivir

Hoy en la mañana, leyendo a Nacho Duato, en su microbiografía “El placer de la danza”, varias veces me recorrió todo el cuerpo un temblor doloroso, que nacía en  el centro del pecho.   Me sentí identificada con él, y desde el fondo de mis células, sentí alegría porque el escuchó su vocación y la siguió con amor, trabajo, disciplina y esfuerzo.

De este libro “El Placer de la danza” hay varios fragmentos que me gustaría compartir con ustedes porque fueron reveladores para mí:

“Solo se consiguen los sueños a base de trabajo, de ser muy estricto y disciplinado, y de tener muy claro que es lo realmente esencial para conseguir los objetivos que uno se fija”

“Cuando más frágil me encuentro es en el momento de la creación, cuando me desprendo de esa coraza/máscara con la que uno se protege y se aísla de los demás. Aflora entonces el ser humano débil y vulnerable a quién damos cobijo, un ser desprotegido, más sensible, sin recursos para defenderse, se podría decir que como un niño, sin maldad. Es entonces cuando el trabajo cobra toda su sinceridad. Estoy convenció de que esta actitud no provoca en absoluto una merma intelectual, y en el  fondo creo en el estado perfecto para seguir creando” 

“Lo que más me gusta cuando estoy creando es que me olvido de mi mismo: le doy vacaciones a mi ego. Es tan cansado estar siempre con uno mismo… Salvador Pániker dice: “El desapego hace posible la experiencia”

“La creación es una acto de amor”

“Uno tiene que descubrir su talento por si mismo, y una vez lo acepta debe comprometerse y trabajar duro. No es fácil sentirse en posesión de algo especial, uno tiene además el deber de desarrollar al máximo esas posibilidades”.

Duato, Nacho. El placer de la danza. Editorial Síntesis, Madrid 2005.

 


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